Argentina y la paradoja de un mayor presupuesto para educación, con retrocesos en el aprendizaje


Un informe privado revela que la mayor asignación de recursos a la escuela pública primaria, una de las áreas más sensibles de inversión social, redundó en mejores sueldos para los docentes, mayor cantidad maestros y profesores, pero con menor cantidad de alumnos y deterioro en sus saberes.

En un nuevo año alterado por las huelgas docentes y la resistencia del gobierno nacional a discutir un acuerdo paritario a nivel nacional, un estudio del Instituto para el Desarrollo Social Argentino (IDESA) revela un contrasentido en materia de educación.

IDESA resalta que “resulta paradójico” que el deterioro en la calidad de aprendizaje de los alumnos evidenciada en las pruebas APRENDER se de en contexto de creciente inversión en materia educativa. En ese sentido, recuerda que “la Ley de Financiamiento Educativo sancionada en el 2005 impulsó un importante aumento del gasto en educación. La meta de invertir un 6% del PBI en educación pública se logró en el 2010 y fue motivo de algarabía. Pero la calidad de la educación cayó y la insatisfacción de las familias aumentó”.

Precisamente las pruebas APRENDER mostraron que un tercio de los chicos que están empezando la secundaria “no tiene competencias de lectura y el 41% de matemática. Entre los que terminan la secundaria, el 46% tiene capacidades limitadas de lectura y el 70% de matemáticas”.

Para IDESA, “Estos resultados no sorprenden ya que desde hace más de una década las evaluaciones internacionales vienen alertando sobre la decadencia. Desde posiciones de liderazgo en Latinoamérica en el año 2000, se descendió por debajo de Chile, México, Uruguay, Costa Rica, Brasil y Colombia en la actualidad”.

Según datos del Ministerio de Educación nacional, entre los años 2006 y 2016 se observaron algunas tendencias que muestran que, más inversión no redundan en mejor educación.

Uno de los datos revela que “el salario docente testigo pasó de $9.250 a $13.900 a precios del 2016, es decir, se incrementó en un 50 por ciento por encima de la inflación”, mientras que “los cargos docentes pasaron de 240 mil a 285 mil, o sea, aumentaron el 19 por ciento”. Sin embargo, los números oficiales revelan que “la matrícula pasó de 3,6 a 3,3 millones, o sea, se redujo en un 8 por ciento”.

Estos datos muestran que el aumento del gasto en educación pública que mando la Ley de Financiamiento Educativo del 2005 se asignó fundamentalmente a elevar el salario real y aumentar los cargos docentes. En paralelo se produjo una importante caída en la matricula. Se trata de un derrumbe en la productividad de magnitudes sorprendentes. Se invierten más recursos para atender a menos alumnos a los que se les ofrece un servicio de peor calidad. Este es el resultado de haber aumentado los presupuestos educativos en función de los intereses corporativos postergando las necesidades de las familias.

Cambios estructurales

Para IDESA, este contexto de encierro en la discusión sobre la mejora necesaria de la educación argentina merece una salida superadora. En ese sentido, propone que el docente deje la centralidad de ser “el actor central en el suministro de aprendizajes” y que los alumnos sean “pasivos receptores. El rechazo a la innovación –además de comportamientos abusivos como las altas tasas de ausentismo– es uno de los principales factores que explican la caída de la productividad en el sistema público de educación. Pero lo más importante es que además genera desmotivación entre los alumnos que perciben que la escuela está muy divorciada de su realidad cotidiana”, sentencia IDESA.

Como aporte, remarca que esta crisis educativa debe ser una “oportunidad para repensar las escuelas. La tecnología está revolucionando todos los ámbitos de la sociedad. No hay motivos para que no lo haga también en la educación. Los alumnos pueden asumir roles más activos, administrando sus autoaprendizajes y aprovechando a pleno las nuevas tecnologías con las que están familiarizados. El docente debe asumir un rol de acompañamiento, apoyo y monitoreo. Para eso no se necesitan más docentes sino perfiles diferentes. Menos docentes mejor preparados abren espacios para pagar salarios más altos”.

Y finalmente sugiere que, “en paralelo, en lugar de seguir construyendo escuelas con la lógica tradicional, la infraestructura debería replantearse para cobijar las nuevas tecnologías y muchas más actividades recreativas y sociales”.