[Opinión] Syriza: El triunfo de la izquierda en Grecia relega la deuda de la igualdad de género en el poder


La ausencia de mujeres al frente de los ministerios del nuevo gobierno desata el debate en Europa sobre el rol "innovador" y "progresista" de las nuevas izquierdas.


No quiero que luego de leer estas líneas le bajen definitivamente la persiana a la dirigencia política.

Pero prestemos atención un debate más que interesante.

Los políticos y las políticas vienen atravesando duros cuestionamientos no sólo en la Argentina.

Y no sólo hacia la derecha; también hacia la izquierda más nueva y prometedora.

Resulta que el triunfo de Syriza en Grecia puso en éxtasis ideológico a mis amigos progress, que son unos cuantos.

Pero hay un dato más que peculiar de esa agrupación y surge de una crítica no sólo desde la derecha:
Como bien señala la profesora de Filosofía Alicia Miyares, los estatutos de Syriza afirman que esa agrupación "luchará por la defensa de los valores de la justicia social, la igualdad y la libertad contra el patriarcado".

Pero lo paradójico es que en el gabinete presentado hace pocas horas no hay una sola mujer ocupando un cargo de relevancia.

Y la profesora Miyares recomienda que, más allá de combatir las políticas de austeridad que la derecha pregona y lleva adelante en Europa, las izquierdas prometedoras del Viejo Continente debieran combatir el feminicidio en varios sentidos.

Por un lado, el feminicidio “real”, entendido a secas como la violencia contra las mujeres.

Por el otro, el feminicidio “político”, es decir, el escaso liderazgo político de las mujeres.

Pero también llama a combatir el feminicidio “económico", debido a la ausencia de políticas específicas para las mujeres.

Y también intima a las izquierdas a darle duro al feminicidio “de la opinión", por los estereotipos sexistas que todavía hoy proliferan en las discusiones públicas.

Me tiento a citar esa frase gastada que se usa cada vez que se critica la disociación entre discurso y acción: “Has lo que yo digo más no lo que yo hago”.

No es poca cosa esta crítica. Estamos muy habituados, lamentablemente, a la doble moral en la política. Pero sabemos y no somos hipócritas: la doble moral es una condición social que se potencia en el poder.

Como lección para nuestra golpeada Argentina queda la recomendación del estado de alerta ciudadana ante los “prometedores de turno”.

Ya hemos vividos experiencias trágicas cuando las promesas de campaña superaron las posibilidades políticas de alianzas de ocasión.

Cuando los cantos de sirenas electorales empiezan a emerger en un 2015 de cambio político inevitable para la Argentina, bien valen estas advertencias.

Coherencias y posibilismos debieran ser dos exigencias de máxima por parte de los votantes.
Diego Corbalán