[Opinión] Una breve historia sobre los problemas de vivir en el primer mundo


La disponibilidad de electricidad para los nuevos autos que utilizan esa energía constituye un nuevo desafío para las grandes ciudades que intentan (o al menos eso dicen) preservar el medio ambiente.

(*) por Diego Corbalán

Les voy a contar una historia del primer mundo.

En realidad, es un relato sobre los problemas de esa parte del planeta.

Seguro que van a sentir envidia por este relato.

Pese a que en nuestro país, la Argentina, y en la región lo vemos muy de lejos, el negocio de los autos eléctricos está muy difundido en los Estados Unidos y sobre todo en Europa.

La industria automotriz promueve a estos vehículos que, sin dudas, contaminan mucho menos que los autos a combustible líquido derivado del petróleo.

Sin embargo, ese gran logro tecnológico y sustentables tiene algunos problemas.

El problema de los autos eléctricos es que necesitan recargarse.

Es que tienen poca autonomía y, por ahora, no es posible darles una recarga para andar durante toda la semana.

Surge entonces la necesidad de tener a mano “enchufes para autos”, así dicho entre comillas.

Pues bien, en España la cosa no está fácil.

Sucede que el negocio de darle electricidad a estos autos ecológicos cayó en manos privadas.

Es decir: concesionarias que explotan el suministro de corriente eléctrica en la vía pública para cargar a estos vehículos.

Hubo un servicio original, llamado Movele, que realmente no anduvo nada bien.

Los postes que instaló la empresa privada dejaron de andar y los usuarios de estos vehículos a electricidad la pasaron bastante mal.

Seguro que alguno debe estar pensando qué pasaría si esto se instalara en cualquier ciudad argentina.

Dejemos la imaginación para otro momento.

Lo cierto es que, según nos cuenta desde España, el buen funcionamiento de los postes de recarga ahora está garantizado.

Pero los problemas siguen.

La prensa especializada del mundo automotor alertó que la recarga dejó de ser gratuita.

Claro, no está mal: después de todo la promoción del uso de autos eléctricos mediante el despacho de electricidad de manera gratuita fue un buen anzuelo.

Pero ahora hay que pagar.

Pero la pregunta que se empiezan a hacer los españoles, más específicamente los madrileños es cuánto pagan por ese servicio para sus autos sustentables.

El portal Web Motor Pasión, por ejemplo, llegó a la conclusión que cargar la batería de un auto eléctrico resulta tan caro como usar un vehículo a nafta y algo más caro que un coche gasolero.

Antes de terminar con esta reflexión, va un dato que tal vez los sorprenda.

¿Saben quién está en el negocio del despacho de electricidad para autos?

¿Saben qué empresa es socia de una de las concesionarias del suministro en Madrid?

Repsol. Si Repsol.

Esa misma petrolera que supo tener la concesión de nuestra YPF.

Es decir: una petrolera que vende combustible que contamina el medio ambiente, como todas las demás, en paralelo despacha electricidad limpita, limpita.

Vaya paradoja contemporánea, ¿no?

Bueno, como les dije, les íbamos a hablar de problemas del primer mundo.

Y encima terminamos al menos rozando este mundo subdesarrollado y marginal.

Lo dejamos acá, mientras nos vamos a un enchufe cercano para recargar nuestras baterías.

(*) Conductor del programa Ventana Abierta, lunes a viernes a las 12, por FM Milenium