Miami: La desigualdad detrás del paraíso


Una encuesta oficial muestra el agravamiento de las condiciones de los sectores asalariados de la ciudad, mientras la pobreza no se reduce y aumenta la cantidad de personas que necesitan ayuda del Estado.

Para conocer al primer mundo tradicionalmente se utilizaron las postales, esas imagenes que muestran lo mejor de lo mejor de un lugar deseado.

Pero las postales tienen reverso y es allí en donde emergen los contrastes.

Esta paradoja alcanza a lugarse como Miami, ese reducto bien parecido y vecino al Caribe que tienen los Estados Unidos.

Un lugar que despierta suspiros de los amantes de la playa y el sol y de los que disfrutan gastando sus dólares yendo de shopping.

Pero alejándonos de las imágenes que el sentido de la visión nos aproxima, las estadísticas muestran una realidad un tanto matizada.

Sucede que según una reciente encuesta oficial de la Oficina del Censo de los Estados Unidos, Miami sostiene altos índices de pobreza combinados con una caída de los ingresos.

Mientras los Estados Unidos tienen una pobreza de casi el 16 por ciento, Miami alcanza el 18 por ciento.

Si indagamos en los números de chicos pobres en Miami, los números son aún más preocupantes.

Casi el 24 por ciento vive en la pobreza

Estos números no representan un agravamiento sustantivo de los niveles sociales de esa playa deseada por muchos.

Pero sí hay indicadores que muestran en dónde golpea la crisis, esa que se desató en 2008-2009 y que todavía aletea.

Por ejemplo, los residentes urbanos de Miami con ayuda alimentaria o en dinero pasó de 13,8 al 17,5 por ciento.

Incluso Miami hoy es la región estadounidense con mayor cantidad personas sin cobertura de salud: casi el 25 por ciento.

En cuanto a distribución del ingreso, Florida es uno de los cinco estado norteamericanos más desiguales junto a Columbia y Puerto Rico.

Para algunos analistas sociales, Miami incluso es la muestra de lo que le puede ir pasando al resto de los estados de la Unión.

Ingresos dispares, condiciones sociales diversas y un mundo de la pobreza y la marginalidad que, lejos de ir achicándose, se podría ampliar.

Para concluir, un dato más que revelador de la encuestadora Bendixen & Amandi:

Según esta medidora, Miami tiene dos realidades bien distintas.

Una, la de los ricos que compran propiedades a granel.

Y otra la de los residentes que ganan bajos salarios y que deben someterse a condiciones de vida muy contrastantes con las que terminan siendo sus empleadores.