Todos los años, en la Argentina se registran 5.500 nuevos casos de VIH

“Es hora de que los médicos, cuando ordenan análisis de laboratorio, aprovechen para ofrecer a su paciente el test de VIH.” Así lo indican –en el Día Mundial de la Lucha contra el Sida, que se celebra hoy– los especialistas como la herramienta que falta para enfrentar el principal problema que presenta hoy el VIH/sida en la Argentina: 65.000 personas están infectadas y lo desconocen. Claro que esta obligación de los profesionales no excluye la responsabilidad de cada persona, y aquí entran a jugar aspectos en los que la Argentina sí está bien: la provisión gratuita de tests y, llegado el caso, de medicamentos de última generación. Se registran 5500 nuevos diagnósticos por año y el 20 por ciento de ellos corresponde a personas mayores de 45 años: por ejemplo, mujeres que, al haber pasado la edad reproductiva, dejan de usar preservativo sin tomar en cuenta el riesgo de infección.

Internacionalmente, la OMS celebró el descenso, en los últimos años, de las nuevas infecciones, así como de las muertes, en relación con el mayor acceso a diagnóstico y tratamientos; sin embargo, “los logros están bajo amenaza” porque los países ricos han bajado sustancialmente los aportes que sostenían la tarea en los países pobres.

“Alrededor de 130 mil personas viven con VIH en la Argentina, pero la mitad no lo sabe, y el 30 por ciento de los varones llega tarde al diagnóstico”, advirtió Carlos Falistocco, director nacional de Sida y Enfermedades de Trasmisión Sexual del Ministerio de Salud de la Nación. ¿Qué es “llegar tarde” al diagnóstico de VIH? “Desde que una persona se infecta hasta que aparecen los primeros síntomas, suelen pasar de cinco a diez años. Si el diagnóstico se hace cuando ya hay síntomas, estamos llegando tarde”, contestó Falisto-cco, y precisó: “En las mujeres, el diagnóstico tardío no supera el 15 por ciento, porque tienen más acceso a los servicios de salud y, especialmente durante el embarazo, los obstetras les ofrecen hacerse el test”. Entonces, “es prioritario que los médicos ofrezcan a todos los pacientes la posibilidad de que, voluntariamente, se hagan el test de VIH”, concluyó el director nacional de Sida.

También Pedro Cahn –ex presidente de la Sociedad Internacional de Sida y titular de la Fundación Huésped– destacó que “el desafío pendiente es cómo llegar a los pacientes para que se diagnostiquen a tiempo: esto, también, contribuirá a que dejen de trasmitir el virus. Hasta ahora, la actitud de testearse es iniciada desde el paciente, pero se trata de iniciarla desde el proveedor: ‘Ya que viene a controlarse el colesterol, ¿qué le parece si hacemos también un test de VIH?’”.

Más allá de esto, Falistocco afirmó que “la Argentina está en una situación privilegiada gracias a la respuesta que el VIH/sida recibió, tanto desde la sociedad civil como del Estado, a través de distintos gobiernos. La Ley Nacional de Sida se aprobó tempranamente, en 1990, en el marco de una movilización social importante: el Estado, las obras sociales y prepagas están obligados a cubrir diagnóstico y tratamiento; aun en la crisis de 2001, el Programa de Sida se estableció como prioritario. Y gran parte del trabajo en derechos humanos en relación con la salud tuvo su punto de partida en el área del VIH/sida”.

La cantidad anual de nuevos diagnósticos de VIH es de unos 5500, cifra que se mantiene aproximadamente estable en los últimos años. Hay, en promedio, 1,7 varones por cada mujer diagnosticada. El promedio de edad al momento del diagnóstico es de 36 años para los varones y de 32 para las mujeres. Hay 43.000 personas en tratamiento.

El 20 por ciento de los diagnosticados tiene más de 45 años: “Por ejemplo –explicó Falistocco–, muchas mujeres de esa edad dejan de usar preservativo porque ya no temen al embarazo y no se reconocen en riesgo de contraer el VIH. No es que haya una epidemia específica entre los mayores, pero es un sector al que no se le había prestado suficiente atención”.

El 85 por ciento de los varones y el 88 por ciento de las mujeres se infectaron por vía sexual: “La trasmisión entre usuarios de drogas endovenosas bajó mucho, pero hay que atender a que, bajo cualquier consumo de drogas, crece el riesgo de tener prácticas sexuales desprotegidas”, puntualizó Falistocco.

En cuanto a la transmisión vertical –de madre a hijo en parto y lactancia–, bajó al 6 por ciento gracias al seguimiento de las embarazadas; de todos modos, técnicamente es posible aproximarla a cero, y entre 80 y 100 bebés al año siguen infectándose en la Argentina.

Internacionalmente, “las nuevas infecciones se redujeron un 15 por ciento en la última década, y las muertes relacionadas con el sida cayeron un 22 por ciento en cinco años”, según la OMS. La entidad destaca que “el tratamiento con antirretrovirales, que no sólo mejora la salud de las personas infectadas sino que también interrumpe la trasmisión del VIH, en los países de ingresos bajos y medianos está al alcance de 6,65 millones de personas, un 47 por ciento de los 14,2 millones que deberían recibirlo”.

Sin embargo, “los logros alcanzados se ven amenazados por una disminución de recursos”, advirtió la OMS. Onusida comunicó que los países donantes disminuyeron sus aportes desde 7600 millones de dólares hasta 6900 millones en 2010. La Comunidad Internacional de Mujeres con Sida (ICW, que preside la argentina Patricia Pérez) señaló que “a esto se suma una peligrosa sensación instalada en la sociedad, acerca de que el sida ya no mata y por ello podemos dejar de cuidarnos: grave error fomentado por la actitud pasiva de muchos Estados que no sostienen en el tiempo campañas de prevención”.

fuente: Página/12