Las regiones argentinas de Cuyo, Patagonia y NOA tienen las tasas de más altas de personas enfermas

Un estudio desde la ciencia económica analizó cómo impacta la distribución del ingreso en la calidad sanitaria en el país. 

Según el estudio, las regiones de Cuyo, la Patagonia y el Noroeste argentino tienen una mayor prevalencia de morbilidad total (proporción de personas que se enferman) y un mayor grado de desigualdad en lo que refiere a la percepción de enfermedad asociada a factores socioeconómicos. Respecto de la cobertura médica, las regiones que se ven más afectadas por la desigualdad son la Patagonia, la región Pampeana y el Gran Buenos Aires. 

La tasa de mortalidad infantil (TMI) en menores de un año se redujo en todas las provincias y las desigualdades socioeconómicas asociadas a ella. “A nivel nacional, el índice señala que, en promedio, la mortalidad infantil disminuye en 0,192 muertes por cada mil nacidos vivos por cada peso de aumento del Producto Geográfico Bruto (PBG) per cápita en 2007. Mientras que en 1997 la relación era menor, de 0,155 muertes menos por cada mil nacidos vivos”, indica a la investigadora.

Otro aspecto que se midió fue el riesgo atribuible poblacional (RAP), uno de los indicadores de impacto total más conocidos en el campo de la salud. Así, tomando como referencia a la ciudad de Buenos Aires, el riesgo poblacional rondaría el 36% para 2007 y el 35% para 1997, e indica que si las provincias argentinas tuvieran la tasa de mortalidad infantil que tiene la capital argentina, las muertes de niños menores de un año podrían reducirse a poco más de un tercio. “En términos absolutos, podría decirse que de las casi 9.000 muertes en menores de un año ocurridas en 2007 (12.930 en 1997) podrían haberse evitado 3.200 -36% del total- si todas las provincias tuviesen la tasa de mortalidad infantil que tiene la ciudad de Buenos Aires”, explica Lara.

La desigualdad en la distribución del número de muertes de menores de un año en relación con el número de nacidos vivos se midió en el estudio por medio del coeficiente de Gini. “Las magnitudes estimadas para Argentina están muy próximas a cero, aunque se observa un aumento de la desigualdad entre 1997 y 2007. Así, en 1997, el 26% de las muertes en menores de un año ocurrieron en el 20% de la población de nacidos vivos, mientras que este porcentaje subió casi al 27% en 2007”, amplía Lara.

Otra forma de medición fue el índice y la curva de concentración, donde la población bajo estudio se ordena por PBG per cápita. En el índice, se concluyó que las magnitudes estimadas en mortalidad infantil están muy próximas a cero, aunque se observa un aumento de la desigualdad entre 1997 y 2007. Así, en 1997, el 22% de las muertes en menores de un año ocurrieron en el quintil más pobre de nacidos vivos, mientras que este porcentaje subió casi al 28% en 2007. Utilizando la curva de concentración, que mide el sector socioeconómico opuesto, el resultado es similar: en 1997, el 17% de las muertes en menores de un año ocurrió en el quintil más rico de la población de nacidos vivos, mientras que en 2007, este porcentaje bajó al 12%.

“La existencia de bajos niveles de desigualdad en salud que detectamos en esta investigación es siempre relativa a los grupos que se comparan y no implica que existan buenas condiciones de salud”, aclara la investigadora. “Para interpretar los resultados, es importante contextualizarlos, tener en cuenta las variables y el escenario en que fueron utilizadas”, agrega.