La mayoría de los adictos argentinos vuelve a hacer tratamiento

Alcohol, tabaco, comida, juegos, drogas, psicofármacos. Las adicciones están ahí, agazapadas, acechando, una y otra vez para capturar a su presa. Y las estadísticas no hacen más que ratificar que no van a dejar a su víctima fácilmente: Siete de cada diez personas que se encuentra en tratamiento en el país, ya había hecho uno con anterioridad. Es decir, el 70 por ciento de los pacientes son reincidentes . Son datos oficiales, de la Evaluación de Programas de Tratamientos realizada por el Observatorio Argentino de Drogas que depende de la Sedronar.

“El porcentaje de adictos que no se recupera es mínimo”, asegura Carlos Damin, jefe de Toxicología del Hospital Fernández. Damin cree que esas “recaídas” no son tales sino que forman parte del proceso de recuperación y que antes de hablar de adicciones, lo primero es distinguir entre un consumo problemático y uno no problemático. “Un chico que fuma un porro de vez en cuando no es un adicto, tampoco el que toma cuatro pastillas de éxtasis por año, e incluso a la guardia llegan chicos con una intoxicación aguda y no por eso son adictos”.

Entonces, para hablar de adicciones, lo primero es definir a quien se considera adicto. “Se tienen que dar tres condiciones: la dependencia física y psíquica de una sustancia, que esa sustancia tenga efectos sobre la persona, y que exista un entorno que lo favorece. Si alguna de esas tres cosas no se da, no podemos hablar de un adicto”.

Damin insiste en aclarar que sólo “ un porcentaje muy pequeño de las personas del universo de consumidores pueden considerarse como adictos ”. Y aporta otro dato para desmitificar la idea de adicto=drogadicto.

En el Hospital Fernández, el 54 por ciento de las urgencias por intoxicación es de personas alcoholizadas, el 6 por ciento de psicofármacos. Así, las principales causas de intoxicación son sustancias son legales.

Recién en tercer lugar se encuentran la cocaína y la pasta base con cinco por ciento cada una.

Los primeros escritos sobre adicciones, se pueden rastrear cuatrocientos años antes de Cristo, en el Filebo de Platón, donde describe los “falsos placeres” que provocan dolor. Se puede decir entonces que desde que el hombre es hombre ha invertido tanta energía en hallar nuevas drogas como en la forma de alejarlas.

Carlos Souza, director de la comunidad terapéutica Aylén, en Vicente López, coincide con Damin: “ un tratamiento es exitoso cuando mejora la calidad de vida de una persona o de su salud o logra reinsertarlo en la sociedad. Para mí gusto, los paradigmas de recuperación son excesivamente altos”.

El estudio del Observatorio traza un mapa sobre cuales son las alternativas que los pacientes tienen para enfrentar su adicción. En el estudio se relevaron 592 centros de todo el país, a los que se suman más de mil grupos de Alcohólicos Anónimos y Narcóticos Anónimos. La mayoría, 62 por ciento, son públicos. Y aunque más del 70 por ciento son servicios ambulatorios, en el país existen al menos diez opciones diferentes para tratar adicciones, desde los grupos de autoayuda hasta las comunidades terapéuticas.

Los especialistas hablan de una “memoria química”, huellas que las adicciones dejan en el cerebro. De como se logren dominar esas marcas, dependerá cuán lejos se pueda mantener a la adicción.

¿Pero qué pasa cuando el fantasma vuelve acercarse? Las respuestas son demasiadas. “Cuando hablamos de adicciones estamos hablando desde qué cosmovisión uno mira este fenómeno, yo, por ejemplo no estoy de acuerdo con las internaciones prolongadas”, señala Souza.

En Alcohólicos Anónimos, donde trabajan sobre la principal adicción de los argentinos, son terminantes. Allí, una copa es una recaída. La psicóloga Alicia Donghi, de AABRA, sostiene lo opuesto: “Son contados los casos en los que se deja por completo la sustancia. Yo pretendo la cura en un sentido modesto, cuando el individuo logra cierta responsabilidad con respecto a la sustancia que consumía. Si consigue calidad de vida pero aún sigue consumiendo, es un individuo recuperado”.

De acuerdo al informe del Observatorio, alcohol y pasta base mantienen los mayores niveles de reincidencias.

“ Adicción significa “sin palabras”, es decir alguien que no puede opinar –precisa el psiquiatra Bernardo Rovira– Es la condición de los esclavos. La personas se vuelven esclavas de una conducta que nace para calmar impulsos internos”. Rovira está a cargo del Programa de Trastornos en la Conducta Alimentaria del Hospital de Clínicas. Allí, trata una de las adicciones más complicadas porque es algo de lo que no se puede prescindir: la comida. En un relevamiento hecho en el Hospital, sobre 500 pacientes con trastornos, 47 por ciento presentaba síntomas de adicción, ya sea por lo que se denomina “síndrome de descontrol alimentario” o por algún tipo de bulimia. “Uno se cura – dice Rovira – en cuanto se puede dejar eso que provocaba la adicción, pero mi biología ya quedó marcada”.

En 1969, en pleno furor de heroína, Marianne Faithfull – una sobreviviente a los excesos y adicciones – escribió una de las canciones más bellas del rock, Sister Morphine, en la que rogaba “Hermana morfina, convierte mis pesadillas en sueños”. Pero hasta hoy, esa cura mágica sigue sin inventarse.

fuente: clarin.com