En la Argentina, aumentó un 26 por ciento la cantidad de alumnos en las escuelas

El aumento de la matrícula en las escuelas, que fue más notorio este año a partir de la Asignación Universal por Hijo que reciben, según datos oficiales, las familias de 3,7 millones de menores de 18 años, puede llegar a poner a la escuela secundaria pública argentina prácticamente en shock. Es que el real desafío no es el regreso de miles de chicos que vuelven a la escuela o que asisten por primera vez, sino qué se hace para retenerlos en las aulas y lograr que aprendan. 

En los últimos cincuenta años la cantidad de alumnos se sextuplicó en una escuela secundaria que cambió completamente su conformación social. 

Ese impacto fenomenal, que democratizó la educación y la sociedad, trae aparejada la necesidad de desarrollar políticas educativas específicas para lograr que todos los jóvenes que ingresan logren aprender en las escuelas y lleguen a obtener su título. 

El crecimiento de la cantidad de chicos escolarizados es algo constante en la Argentina de los últimos treinta años, consecuencia de las políticas democratizadoras y de promoción de la extensión de la educación a más sectores sociales. 

Si hubo un aspecto positivo de la malograda reforma educativa de los noventa fue justamente la ampliación del número de adolescentes en las escuelas, de la mano de la extensión a diez años de la obligatoriedad de la enseñanza, fijada por la Ley Federal de Educación. 

Sin embargo, ese crecimiento de matrícula repercutió negativamente en la calidad de los aprendizajes y generó los fenómenos de sobreedad, deserción y fracaso escolar. La cantidad de alumnos matriculados en la entonces denominada Educación General Básica en la provincia de Buenos Aires entre 1997 y 1998 creció casi el 9%, pero un año después había decrecido el 3.46%. Esto demuestra que un aumento de matrícula que llega de la mano de un incentivo económico no garantiza la real permanencia de los chicos en las escuelas a lo largo del tiempo. 

“El termómetro va a ser a fin de año cuando se puedan comparar los números de los nuevos alumnos que llegaron a las escuelas con los que efectivamente cumplieron un año de estudio”, dijo Fabián Repetto, especialista del Cippec. 

En el Programa de Escuelas del Bicentenario, que reúne a 132 escuelas de zonas vulnerables de todo el país, el crecimiento matricular se sintió, aunque no en porcentajes altos. 

“Lo que se ve hoy, a partir de la asignación, es que llegan adolescentes de 13 y 14 años que vuelven y conviven con niños mas pequeños, en la primaria. Se tiene que acompañar el estudio de esos chicos con estrategias didácticas específicas para que no terminen abandonando”, advirtió Silvina Gvirtz, directora de ese programa. 

Las mediciones que se hicieron sobre el impacto de la Asignación Universal por Hijo en la educación, dadas a conocer por el Ministerio de Educación de la Nación fueron dos. 

La primera hablaba de un crecimiento promedio del 25% de la matrícula en todo el país. Luego, hilando un poco más fino, entre abril y mayo se realizó un relevamiento telefónico en 676 escuelas, la mayoría (el 70%) localizadas en la zona centro del país. 

El 54% de los directivos consultados dijo que el aumento tiene relación con la Asignación Universal por Hijo.
Los datos indican que creció el 19% la matrícula de los alumnos en la secundaria, el 10% en las primarias y el 15% en el nivel inicial. Entre las escuelas que participaron de la encuesta, las de la provincia de Buenos Aires fueron las que más aumento de matrícula declararon: un 26%; en Santa Fe el 6% y en el resto del país menos del 5%. 

En Córdoba, el ministro de Educación, Walter Grahovac, afirmó que el incremento se sintió más que en ningún otro lado en las escuelas técnicas (el 4%) y que en el nivel medio “no se produjo un aumento significativo, sólo en algunos establecimientos puntuales que hubo más demanda de bancos”. 

Especialistas consultados expresaron sus dudas sobre la precisión del relevamiento dado a conocer por Educación. “Crecer, creció, pero ese 25% que se dio al principio y hasta el 20% que dan ahora...está un poco inflado”, coincidieron ante la consulta de PERFIL varios investigadores de asociaciones vinculadas al seguimiento educativo. 

“Los datos oficiales, por ahora, pueden considerarse preliminares; para hablar de impacto habría que esperar. Esas cifras son casi una percepción, es difícil asegurar que hay crecimiento de matrícula”, advirtió Sebastián Waisgrais, especialista en monitoreo y evaluación de Unicef Argentina. 

Desde el Instituto de Estudios y Formación de la Central de Trabajadores Argentinos, las críticas apuntan en otro sentido. 

“Todavía hay 2,5 millones de menores sin ninguna cobertura social porque están indocumentados y, por lo tanto, no reciben la asignación ni asisten a las escuelas”, apuntó el diputado nacional Claudio Lozano, referente de un sector que apunta a que la asignación se convierta en un salario familiar de 300 pesos por hijo para todas las familias. 

Para Unicef, la medida es buena, pero la asignación por hijo debería complementarse con otras políticas integrales de protección de los derechos de los niños y sistemas de evaluación y monitoreo muy fuertes, como ocurrió en México.